| Toxoplasmosis: Ojo al gato |
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El problema más grave de esta afección es que si afecta a una embarazada puede poner en peligro la salud de su bebé. Cuando una mujer embarazada contrae toxoplasmosis por primera vez hay un 40% de probabilidades de que la transmita al feto. Sin embargo, el riesgo y la gravedad de la afección en el bebé varían según el estado del embarazo. Sin embargo, cuanto más cerca del comienzo del embarazo se produce la infección, más graves son las consecuencias para el bebé.
- Por ingesta de carne contaminada al ingerirla cruda o poco cocida. - Por contacto con excrementos de gatos o productos que hayan estado en contacto con ellos. Por lo general, los gatos infectados aparentan estar sanos. La infección es mucho más habitual en gatos que andan sueltos, porque no se puede controlar qué comen. - Por vía materno-fetal o congénita, transplacentaria. - Es rara la transmisión por transfusiones, transplantes... Si una persona se contamina, lo habitual es que la infección transcurra con muy pocos síntomas: ligera fiebre, malestar general, dolor de cabeza, dolores musculares y aumento del tamaño y dureza de los ganglios linfáticos del cuello, con aparición de dolor. En la mayoría de los casos la infección pasa sin más. Una vez superada, la persona que la ha padecido no vuelve a sufrirla nunca más. La infección aguda durante el embarazo tiene un riesgo de infección fetal del 40%-50%, y de ellos el 10% sufrirá malformaciones graves o muerte fetal. Las secuelas son más graves si ocurren en el primer trimestre. Pueden nacer normales, pero tienen riesgo de secuelas tardías como infecciones oculares (coriorretinitis), retraso mental, microcefalia, sordera... También pueden aparecer anemia, ictericia, hepatoesplenomegalia (hígado y bazo agrandados), erupciones cutáneas... La mejor prevención de la infección congénita es actuar antes del embarazo. Para ello se dispone de una batería de pruebas serológicas que reflejan el estado de la embarazada o de la mujer que planea tener un hijo: si ha pasado la enfermedad y es inmune, si la tiene en ese momento o si no la ha tenido.
Si se sospecha que el feto está infectado, se trata a la madre con dos medicamentos: pirimetamina y sulfadiazina. Debido a la ausencia de síntomas, puede ocurrir que la mayoría de los bebés infectados no sean sometidos a tratamiento. En ocasiones la enfermedad no se detecta hasta que se presenta una infección ocular u otro problema meses o años después de nacer. Para evitarlo se recomienda que a todo bebé nacido de madre diagnosticada de toxoplasmosis se le efectúen pruebas diagnósticas para comprobar si está infectado y, en este caso, comenzar un tratamiento.
Si no se ha tenido contacto con la toxoplasmosis, no hay anticuerpos circulantes y, por tanto, se puede adquirir la infección aguda durante la gestación. Se ha comprobado que en algunos países desarrollados el 80% de las mujeres en edad fértil nunca han tenido toxoplasmosis. Por eso, la prevención es fundamental.
- Evita el contacto con gatos. - Manténlo dentro de casa para evitar que cace roedores o aves. - No vacíes ni limpies la caja donde el gato hace sus necesidades. No obstante, la caja debe vaciarse todos los días porque los parásitos de los excrementos no se convierten en infecciosos hasta pasadas 24 horas. - Evita el contacto con los areneros en los que los gatos hacen sus necesidades. - Lávatelas manos con agua y jabón después de manipular carne cruda y no te lleves los dedos a los ojos, nariz o boca. - Lava bien todas las frutas y verduras antes de consumirlas. |
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