| Estreñimiento |
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Los expertos admiten la importancia de los hábitos y estilo de vida en la génesis del estreñimiento.
- Hábitos incorrectos: La defecación se produce por un reflejo cuando las heces rellenan la última parte del intestino, pero es un reflejo que podemos controlar a nuestra voluntad. Sentimos la necesidad y la mayoría de las veces la reprimimos, nos aguantamos porque estamos fuera de casa, en el trabajo, no tenemos tiempo... Tampoco hay hábito de ir al baño a una hora concreta del día. No tenemos educado el organismo. - Ingestión insuficiente de líquidos. - Sedentarismo, falta de ejercicio físico y debilidad de la musculatura abdominal, que no puede hacer la prensa abdominal necesaria para facilitar la evacuación. - Factores psicológicos, como stress y ansiedad, o un estilo de vida moderno con cambios en las costumbres. Las personas que padecen estreñimiento sufren cuadros de ansiedad y depresión. - Molestias o dolores al defecar producidos por rectitis, fisuras anales o hemorroides. - La toma de fármacos, especialmente entre las personas mayores, como antidepresivos, sedantes, ansiolíticos, diuréticos, suplementos de hierro o calcio, antiparkinsonianos o antiinflamatorios, favorecen la aparición de estreñimiento. - En ocasiones el estreñimiento es un síntoma de otras enfermedades metabólicas, endocrinas, digestivas.
El estreñimiento es muy molesto, provoca dolores abdominales, sensación de malestar general, de plenitud abdominal, meteorismo por acumulación de gases y hasta dolores de cabeza. En los casos más severos puede formarse un fecaloma que puede originar un cuadro de obstrucción intestinal. El estreñimiento crónico debe tratarlo el médico. En algunos casos esa visita al médico no se puede demorar: - El estreñimiento aparece de forma súbita en una persona con evacuación normal, acompañado de dolores fuertes intestinales y de incapacidad para pasar heces o gases. - Se presenta en un bebé menor de dos meses. - Las heces son muy delgadas y con aspecto de lápiz. - Se acompaña de pérdida de peso inexplicable. - Las heces son sanguinolentas.
Hay numerosos grupos de laxantes: formadores de masa, emolientes, osmóticos, estimulantes de la movilidad intestinal, derivados de azúcares, laxantes por vía rectal... Sus efectos secundarios son remarcables. Algunos producen tolerancia y dependencia, agravando el estreñimiento; otras veces provocan dolor abdominal, náuseas, escozor anal, flatulencia, heces líquidas, trastornos electrolíticos... En el estreñimiento por embarazo los suplementos con fibra pueden ayudar, pero están totalmente contraindicados los laxantes que contienen aceite de ricino, los aceites minerales orales y los laxantes salinos. Se pueden utilizar, siempre bajo control médico y de forma esporádica, laxantes emolientes o azúcares osmóticos. Lo mejor será no tomar laxantes y en caso de severa necesidad, será siempre bajo estricta prescripción facultativa. El médico decidirá qué tipo de laxante es el más adecuado para cada persona.
Diagnosticar el estreñimiento es fácil, lo complicado es determinar sus causas. Primero hay que excluir que otra enfermedad lo origine. Si se descubre que el estreñimiento se produce por alguna patología, hay que tratar ésta. Curada la dolencia, desaparecerá la dificultad para evacuar. En cambio, cuando el estreñimiento es primario, se pueden seguir las siguientes recomendaciones para combatirlo: - Comer despacio, masticando bien los alimentos y sea regular con los horarios de las comidas. - Beber mucho líquido, al menos 1,5 litros al día. - Educar al intestino a evacuar a la misma hora. - Hacer ejercicio de forma regular: andar, correr, nadar, gimnasia, bicicleta.
- Leche y lácteos: leche entera, semi o descremada, en especial yogures y derivados lácteos poco grasos. - Carnes, pescado, huevos y derivados. - Cereales y papas: Pastas alimenticias y cereales integrales (pan, cereales y galletas integrales) más que refinados. El arroz una o dos veces por semana y preferiblemente combinado con legumbres y verduras. - Legumbres: Lentejas, garbanzos, alubias, habas y guisantes. - Verduras y hortalizas: Todas, salvo las flatulentas (alcachofas, lechuga, coliflor, brócoli, coles de Bruselas, pimiento, pepino, rábanos y rabanetas, cebolla, puerros), preferiblemente una ración diaria en crudo. - Frutas: Todas, salvo las astringentes (membrillo, pomelo, plátano, manzana rallada, limón). Mejor frescas y con cáscara. - Grasas: Aceite de oliva y semillas (girasol, maíz, soja), manteca, margarinas vegetales. |
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